Limpieza facial, hidratación, luminosidad, exfoliación, aparatología, tratamientos reafirmantes… La oferta de tratamientos faciales es cada vez más amplia y, para una clienta, puede resultar difícil saber cuál elegir.
Además, los nombres comerciales no siempre ayudan. Dos centros pueden ofrecer tratamientos muy parecidos con nombres completamente diferentes, mientras que otros servicios pueden sonar similares y perseguir objetivos distintos.
Por eso, antes de elegir un tratamiento facial, conviene empezar por algo mucho más sencillo: saber qué necesita tu piel y qué quieres mejorar.
A partir de ahí, una buena profesional podrá valorar las diferentes opciones y recomendarte la que tenga más sentido en tu caso.
Qué es un tratamiento facial
Un tratamiento facial es un servicio estético dirigido al cuidado de la piel del rostro.
Dependiendo del objetivo, puede combinar productos cosméticos, técnicas manuales, exfoliación, masaje o diferentes tipos de aparatología estética.
No todos los tratamientos persiguen lo mismo.
Algunos están orientados principalmente a limpiar la piel, otros buscan aportar hidratación o luminosidad y otros trabajan determinados aspectos de su apariencia, como la textura o la firmeza.
También pueden variar mucho en duración, frecuencia y protocolo.
Por eso resulta difícil hablar de un único tratamiento facial adecuado para todo el mundo.
Qué tipos de tratamientos faciales existen
Hay muchas maneras de clasificarlos. Una de las más útiles para una clienta es hacerlo según el objetivo que se quiere trabajar.
Tratamientos de limpieza facial
La limpieza facial es uno de los servicios más conocidos dentro de los centros de estética.
Su objetivo es realizar una limpieza más profunda de la piel mediante diferentes fases que pueden incluir limpieza superficial, exfoliación y otras técnicas destinadas a retirar impurezas y preparar la piel.
El protocolo puede variar bastante de un centro a otro.
No todas las limpiezas faciales son iguales ni todas las pieles necesitan exactamente el mismo procedimiento.
Tratamientos de hidratación
Están orientados a mejorar el nivel de hidratación y el confort de la piel.
Pueden resultar especialmente interesantes cuando la piel presenta sensación de tirantez, aspecto apagado o falta de confort, aunque será la valoración profesional la que permita decidir qué tipo de tratamiento resulta más adecuado.
Los productos y técnicas utilizados dependerán del protocolo de cada centro.
Tratamientos para mejorar la luminosidad
El aspecto apagado o cansado es uno de los motivos habituales por los que muchas personas buscan un tratamiento facial.
En estos casos pueden emplearse diferentes cosméticos, técnicas de exfoliación, masaje o aparatología orientados a mejorar el aspecto general de la piel y aportar mayor luminosidad.
Aquí también conviene huir de soluciones universales.
Una piel apagada puede presentar necesidades diferentes dependiendo de la persona y del momento.
Tratamientos para mejorar la textura de la piel
Dentro de esta categoría pueden encontrarse tratamientos estéticos que trabajan la superficie de la piel mediante diferentes técnicas de renovación y exfoliación.
El objetivo puede ser conseguir una piel con un aspecto más uniforme, suave o cuidado.
La intensidad y el procedimiento deben adaptarse siempre a las características de la piel y al tipo de servicio que se realice.
Tratamientos orientados a la firmeza y a los signos del paso del tiempo
Muchos centros ofrecen también tratamientos destinados al cuidado de pieles maduras o a mejorar visualmente determinados signos asociados al paso del tiempo.
Pueden combinar cosmética, masaje, técnicas manuales o aparatología estética.
En este tipo de servicios es especialmente importante mantener unas expectativas realistas.
Un tratamiento estético puede trabajar el aspecto y cuidado de la piel, pero no debe confundirse con procedimientos pertenecientes a la medicina estética.
Tratamientos faciales con aparatología estética
La tecnología forma parte de la oferta de muchos centros.
Existen distintos equipos y sistemas que pueden incorporarse a tratamientos faciales con objetivos diferentes.
Pero disponer de más aparatología no convierte automáticamente un tratamiento en mejor.
La tecnología debería ser una herramienta dentro de un protocolo bien planteado, no el motivo principal por el que se recomienda un servicio.
No necesitas elegir primero el nombre del tratamiento.
Lo importante es saber qué necesita tu piel y qué objetivo quieres trabajar.
Qué tratamiento facial elegir según tu piel
El tipo y el estado de la piel son dos de los aspectos que pueden influir en la elección.
Una piel con tendencia seca, por ejemplo, puede necesitar un enfoque diferente al de una piel con tendencia grasa. Lo mismo ocurre con las pieles mixtas, sensibles o maduras.
Pero estas categorías sirven únicamente como orientación.
Dos personas con una piel aparentemente similar pueden necesitar tratamientos diferentes.
También pueden influir el momento del año, los hábitos, los productos que se utilizan habitualmente o el estado concreto de la piel cuando se realiza la valoración.
Por eso no tiene demasiado sentido elegir un tratamiento únicamente porque esté anunciado como “para piel seca”, “para piel grasa” o “para piel madura”.
La valoración profesional permite ir un poco más allá de esa etiqueta.
Y cuando existen alteraciones de la piel que requieren valoración o tratamiento sanitario, debe acudirse al profesional sanitario correspondiente.
El estado de tu piel importa tanto como tu tipo de piel
El tipo de piel suele entenderse como algo relativamente estable, pero su estado puede cambiar.
Una piel puede atravesar momentos de mayor sensibilidad, deshidratación o falta de luminosidad aunque habitualmente tenga otras características.
Por eso una clienta que se hizo determinado tratamiento hace unos meses no tiene necesariamente que repetir exactamente el mismo protocolo cada vez.
Antes de recomendar debería existir cierta observación y escucha.
- ¿Qué busca la clienta?
- ¿Cómo nota su piel?
- ¿Qué cuidados utiliza en casa?
- ¿Qué objetivo quiere trabajar?
Estas preguntas pueden aportar mucha más información que empezar directamente por el nombre de una máquina o de un tratamiento.
Tratamientos faciales manuales y con aparatología: ¿qué diferencia hay?
Los tratamientos manuales se apoyan principalmente en técnicas realizadas por la profesional y en la utilización de productos cosméticos.
Los tratamientos con aparatología incorporan además alguna tecnología estética dentro del protocolo.
No existe una respuesta general a cuál es mejor.
Un tratamiento manual bien planteado puede ser perfectamente adecuado para determinadas necesidades, mientras que en otros casos una tecnología puede complementar el trabajo realizado.
Lo importante es que exista una razón para utilizarla.
Elegir un tratamiento solamente porque utiliza una máquina determinada no garantiza que sea el más adecuado.
La aparatología puede ser una herramienta muy útil, pero no sustituye al criterio profesional.
Una buena valoración debería ir antes que cualquier tecnología
Cada cuánto conviene hacerse un tratamiento facial
No existe una frecuencia universal válida para todos los tratamientos ni para todas las personas.
Dependerá del servicio realizado, del objetivo, del estado de la piel y del protocolo recomendado por la profesional.
Algunos tratamientos pueden realizarse de manera puntual, mientras que otros pueden formar parte de un programa de varias sesiones o de una rutina periódica de cuidado.
Por eso conviene desconfiar de reglas demasiado rígidas del tipo “todo el mundo debería hacerse un tratamiento facial una vez al mes”.
Lo importante es que exista una razón detrás de la frecuencia recomendada.
Cómo elegir un tratamiento facial con criterio
Antes de reservar, conviene entender qué quieres conseguir y pedir que te expliquen qué tratamiento te recomiendan y por qué.
Una buena propuesta debería tener en cuenta el estado de tu piel, el objetivo que buscas, el tipo de servicio, las expectativas razonables, el precio y, cuando corresponda, si son necesarias varias sesiones o determinados cuidados posteriores.
También deberías sentir que puedes preguntar y decidir sin presión.
No tienes por qué saber de antemano qué tratamiento necesitas. Precisamente una parte del trabajo de una buena profesional consiste en ayudarte a entenderlo.
Si además estás buscando dónde realizarlo, puedes consultar nuestra guía sobre cómo elegir un buen centro de estética.
Tratamiento facial estético y medicina estética no son lo mismo
Conviene distinguir entre los tratamientos realizados dentro del ámbito de la estética profesional y los procedimientos propios de la medicina estética.
Que un servicio se realice sobre el rostro o persiga una mejora estética no significa que pertenezca automáticamente al mismo ámbito profesional.
Determinados procedimientos son actos sanitarios y deben ser realizados por los profesionales legalmente habilitados para ello.
En este artículo hablamos exclusivamente de tratamientos propios de un centro de estética y no de procedimientos médicos.
Esta diferencia es importante tanto para la clienta como para el propio centro.
En resumen: el mejor tratamiento facial no es el mismo para todo el mundo
Existen muchos tipos de tratamientos faciales y cada uno puede perseguir objetivos diferentes.
Limpieza, hidratación, luminosidad, textura, firmeza o cuidado general de la piel son solo algunas de las necesidades que pueden trabajarse dentro de un centro de estética.
Pero tener muchas opciones no significa que haya que elegir la más novedosa, la más cara o la que utiliza más tecnología.
Lo importante es que exista criterio detrás de la recomendación.
Y esta misma idea también es importante para quien está al otro lado de la cabina.
Una propietaria de un centro de estética no necesita acumular tratamientos sin parar. Necesita saber qué función cumple cada servicio, a qué clienta se dirige, cómo explicarlo, cómo recomendarlo y si tiene sentido dentro de la estructura y la rentabilidad de su negocio.
En ONARA trabajamos precisamente esa parte empresarial a través de la mentoría de negocios para centros de estética: analizar los servicios, los precios, los procesos y las decisiones que hay detrás de la carta de tratamientos.
Porque ofrecer más no siempre significa ofrecer mejor.


